viernes, 14 de abril de 2017

“Jesucristo es un personaje de ficción, como Superman o Indiana Jones”






Jesucristo nunca existió, ni tampoco los apóstoles. Los cristianos jamás fueron perseguidos y martirizados por los romanos, principalmente porque no hubo un solo cristiano sobre la faz de la Tierra hasta el siglo IV, cuando el emperador Constantino crea desde cero una religión monoteísta sobre la que cimentar su ambición. La ambiciosa y delirante idea parte de Lactancio, un maestro de retórica convencido de que la supervivencia del Imperio dependía de la sumisión de los romanos a un dios único.
No se trata del argumento de una novela –aunque esté novelada- sino de la conclusión del escritor Fernando Conde Torrens tras 23 años de minucioso estudio de los llamados “textos sagrados” y que expone en su controvertido libro ‘Año 303: inventan el cristianismo’ (Alfa Andrómeda). La tesis de la inexistencia histórica de Jesús no es nueva –ha sido defendida antes por Robert Price o Llogari Pujol– pero Conde ha llegado por un camino inédito: comparando los textos originales en griego, idioma que tuvo que aprender para llevar a cabo la investigación, y detectando que “no hubo cuatro evangelistas sino dos autores: Lactancio y Eusebio de Cesárea”, que escribieron la falsificación entre los años 303 y 320 de nuestra era.









De estar en lo cierto la hipótesis de Fernando Conde estaríamos sin duda ante el mayor fake de todos los tiempos. Fernando atendió la llamada de Strambotic desde su hogar en la muy católica Navarra.
-Ayer nos despertamos con la noticia de que Defensa había ordenado a los cuarteles poner la bandera a media asta por la muerte de Jesucristo. Esto está sucediendo en 2017.
-La sociedad sigue estando muy condicionada por la religión católica: el 100%, incluso los que se denominan ateos o agnósticos, entre otras cosas porque sus hijos se educan donde se educan y con las consecuencias fatales de este fraude. Yo le llamo el viejo paradigma, un paradigma que habrá que superar.
-Los llamados “miticistas”, como Robert Price, comparan a Jesucristo con Superman. Celebrar el nacimiento de Jesucristo sería el equivalente de celebrar el de Superman.
-O el de Batman, o el de Indiana Jones, claro. En literatura no cuesta nada inventar. El papiro lo aguanta todo.
 -¿Por qué no se ha desmantelado esta enorme falsificación en 1.700 años?
-Porque las altas esferas, y ahí incluyo al gobierno actual, forman un bloque que está ligado a la jerarquía eclesiástica y, claro, lo que la jerarquía intenta por todos los medios es actualizar esta falsificación y hacer creer que sigue estando vigente.
-Llevada a sus últimas consecuencias, un libro como el suyo, que demuestra la falsedad del cristianismo, debería implicar el desmantelamiento de toda la gigantesca estructura creada en torno a la figura de Cristo.
-Efectivamente, si la sociedad asume que Jesucristo no existió, ni ningún apóstol, ni hubo mártires se producirá eso que tú dices, pero eso es sólo el paso previo. Lo importante es que recuperemos la doctrina auténtica que existía antes de que aquellos tres sinvergüenzas –Lactancio, Constantino y Teodosio– la sepultaran con el cristianismo. No basta con eliminar algo negativo: tenemos que recuperar lo positivo que se nos robó.
-¿A qué se refiere?
-Al helenismo que había en Grecia antes de Constantino. El gran crimen del cristianismo no es que nos haga adorar a un ser que no existió y dé una visión de la divinidad falsa, deformada y casi indecente. Los mejores hombres de la Humanidad hasta entonces, que habían nacido en ese paraíso para el pensamiento libre que fue Grecia habían encontrado el motivo de la existencia, la razón de ser, la forma de evolucionar y de crecer, y lo exponían en escuelas de sabiduría, de las que en Atenas había tres, además de en Alejandría o Nicópolis.
Esa doctrina -que resiste la crítica del hombre del siglo XXI, porque la Verdad con mayúsculas no puede ser rebatida- fue sepultada por los cristianos: cerraron las escuelas, quemaron los libros y nos dejaron ignorantes. A cambio, nos dieron una doctrina majadera y en eso estamos, 52 generaciones después: carentes de herramientas para la vida.
Espero que Occidente sea capaz de decir no sólo “esto es falso” sino también “esto es auténtico” y recupere lo que perdió con Constantino y compañía.
-La victoria del Dogma sobre la Razón…
-… Y de la victoria del fanatismo y la intolerancia sobre la ciencia, la inteligencia y la Evolución, que era lo que pretendía Sócrates, y otros antes que él, empezando con Pitágoras en el 500 a.C. Entre esa fecha y el 300 d.C. ese pensamiento fue progresando y llegó incluso a impregnar a los emperadores filósofos, los Antoninos, lo que sería el equivalente a que un hombre sabio estuviera hoy en la Casa Blanca.
-¿Era realmente necesario inventar una religión que unificara el Imperio romano para evitar su desmembramiento?
-En absoluto. Hay que darse cuenta que, durante 1.700 años, nos han vendido una imagen de la Historia que es la que convenía a la falsificación, y por ello se ha ensalzado por las nubes a Constantino. Fue su antecesor, Diocleciano, el que verdaderamente solucionó el problema que tenía el Imperio romano de inestabilidad.
-¿Por qué entonces ese afán por conseguir un Dios único para los romanos?
-La continuidad ya estaba conseguida, pero de ninguna manera era necesaria una unión porque Roma había sido tolerante con todos los dioses de los países conquistados, y ahí está el Panteón para demostrarlo. Lo que pasa es que a Lactancio se le metió en la cabeza que el Dios único estaba enfadado con los romanos por permitir la adoración de “dioses falsos”, según él. Este supuesto enfado iba a desencadenar el fin del mundo y, para evitarlo, había que poner en marcha una religión en honor al Dios único e implantarla en todo el Imperio. Eso fue lo que intentó vender a Diocleciano, que no le hizo ni caso, y le acabó vendiendo a Constantino.
-Más que un ingenuo que se deja embaucar por Lactancio, Constantino parece un pragmático, que ve en esa religión la manera de conseguir el poder absoluto.
-Efectivamente, es un pragmático. Él iba a lo suyo y pasaba por encima de todo, incluso de su palabra. El cristianismo no hacía ninguna falta, más bien al contrario. Posiblemente, el cristianismo ayudó a debilitar el imperio romano, en tanto dividió a la población en dos, generando pequeñas guerras civiles locales en algunos lugares de oriente: los nicenos, que no eran tolerantes, contra los no nicenos.
-¿Quiénes son los nicenos?
-Los seguidores de Lactancio, los partidarios de que Jesús era hijo de Dios. Los arrianos, seguidores de Eusebio, consideraban que Jesucristo era un maestro de sabiduría más. Desgraciadamente, estos últimos perdieron la batalla final y fueron borrados de la Historia.
Los nicenos practicaban la intolerancia más obtusa, así que su victoria derivó en que el cristianismo resultante fuera intolerante: quemar los bosques sagrados, derribar los templos y matar a quien no fuese cristiano niceno.
-Algo parecido a lo que hace hoy el Estado Islámico.
-Esto deriva de la mentalidad medieval. Si una etnia tiene mentalidad medieva, sucede. La convicción de estar en posesión de la verdad es una exteriorización del fanatismo que tenía Lactancio y que impregnó todo cristianismo.
Los reyes no deben estar a meterse con lo que sucede en la cabeza de sus súbditos.
-Crear una religión desde cero parece muy ambicioso.
-Y lo es, lo que pasa es que en aquel entonces se podía hacer. El cristianismo es la única religión monoteísta que se ha inventado desde cero, porque los judíos tenían unos textos primitivos que recuperaron cuando estaban en cautividad en Babilonia, porque su continuidad como pueblo peligraba. El Islam no digamos; ahí no hay nada que inventar: pusieron la doctrina que les pareció más conveniente. Pero el cristianismo es la única religión que, con una caradura impresionante, se ha inventado toda la película.
-Pero con la habilidad para basarse en el judaísmo, porque ya tenían los cimientos del Antiguo Testamento.
-En Roma estaban muy mal vistas las nuevas religiones. Lactancio, que sabía eso, lo que hizo fue recurrir a la única religión monoteísta que tenía a mano, que era el judaísmo y que le permitía remontarse hasta los tiempos de la fundación de Roma, incluso más. Robó el Antiguo Testamento a los judíos y creó el Nuevo Testamento. Eso implicaba hacer judío al hijo de Dios. Lo que hizo fue coger pasajes de la Torah judía y transformarlos para “anunciar” su llegada. Naranjas de la China: no había ninguna profecía que afectara a Jesucristo. Fueron todo construcciones literarias.


Mapa del Imperio romano según la división de Diocleciano.

-¿Los judíos denunciaron esta apropiación?
-Cuando en el año 300 se inventa el cristianismo, los judíos están desperdigados por todo el mundo (desde la Diáspora del 130) y no pueden racionalizar ni enterarse de lo que está pasando en Roma. Como todos los romanos, caen en el engaño de que Jesucristo existió y que todo fue histórico, e incluso incorporan en sus escritos tardíos –del año 500- a un predicador judío que puede ser Jesucristo.
-Los documentos escritos que nos legó la Historia, mejor cogerlos con pinzas…
-Así es: la falsificación es totalmente generalizada. Las interpolaciones, que son añadidos espurios, era una práctica habitual. Por eso precisamente se utilizaban los acrósticos ocultos, para tener la seguridad que ese mensaje provenía de esa persona correcta. También las estructuras: había mucho cuidado de que los escritos importantes, por ejemplo entre soberanos, tuvieron garantías de no haber sido falsificados. También se escribían libros con fechas anterior a la real, lo que da pábulo a falsas profecías.
-Por tanto, entre el año 0 y el 303 no existió ninguna persecución a los cristianos.
-Es que no había cristianos. Hay un indicio de esto: en los libros de Lactancio y Eusebio eran ángeles de Dios: se dejaban matar y aceptaban el martirio, pero cuando los cristianos de verdad tomaron el poder con Teodosio eran ellos los que quemaban templos paganos y destruían estatuas.





-Leyendo el libro da la sensación de que Eusebio, uno de los falsificadores, está enviando un mensaje en clave al futuro. Y que el receptor de ese mensaje eres tú. ¿Nadie había estudiado hasta entonces estos anagramas con la firma “SIMÓN” que Eusebio introduce en las versiones griegas de los evangelios?
-Esto es completamente desconocido. Hay otros investigadores independientes que defienden que Jesucristo nunca existió, pero han llegado a esa conclusión por otro camino. Los ortodoxos les llaman “miticistas” porque su proceso es comparar los mitos fundacionales de Hércules o de Mitra con la historia que sabemos de Jesucristo. Otros investigadores han actuado por comparación de textos, como el doctor Llogari Pujol, que ha comprobado que en los textos egipcios sagrados se encuentran el 70 u 80% de los Evangelios.
Lo que yo he hecho es entrar en el proceso de redacción de los textos cristianos, y para ello he aprendido griego: para leer el Nuevo Testamento en su lengua original y gracias a ello he podido encontrar pruebas documentales. Una prueba son los acrósticos: Eusebio se estaba riendo de lo que decía el majadero de Lactancio y puso “fábula, patraña, tontería”, que es lo que quiere decir “Simón”, que no es un nombre propio sino “bulo”.
-¿Esto es falsable?
-Sí, claro. La prueba está en el texto griego. Cualquiera que coja un Nuevo Testamento interlineal –castellano y griego- puede inferir lo que yo afirmo. Yo me he servido del Sinaiticus y del Alejandrinus, el primero es dominio público y el otro conseguí una versión en CD-ROM. Lo que no conseguí fue el Vaticanus, que aparentemente es inaccesible, pero con dos es suficiente para inferir el texto primario.
-¿Y estas biblias contienen los textos originales de Lactancio y Eusebio, las falsificaciones del Nuevo Testamento?
-Absolutamente negativo. El texto que escribieron Lactancio o Eusebio es lo que yo llamo “texto primario”. Cuando se descubrió que existían acrósticos de “Simón” se ordenó que se destruyeran todas las copias en los conventos, cenobios e iglesias. Entonces, en la época de Teodosio, surgieron los textos secundarios: el Sinaiticus y el Alejandrinus, el Vaticanus y otros en papiro que pueden existir. Los primarios se queman y sólo quedan los secundarios. Lo que pasa es que con dos textos secundarios se puede reconstruir el primario, tal y como explico en el libro.
-¿Cómo han reaccionado los académicos a su libro?
-De varias maneras: hay quien me ha rebatido detalles metodológicos, hay quien ha reconocido que no puede arriesgar su posición académica por debatir conmigo y finalmente hay quienes han decidido que mi libro “es una tontería y que no merece la pena ni leerlo”.
-¿Te consideras un hereje, académicamente hablando?
-Si esto lo hubiera escrito hace 200 años, la Inquisición ya estaría encima. Por suerte, hemos logrado nuestro derecho a expresarnos. Lo que sé que tengo perdida es la batalla con el consensum editorum: los así llamados “entendidos” son partidarios de la falsificación y llevan negando cualquier teoría disidente desde hace 150 años, desde Tubinga.


Fernando Conde. Imagen: El Correo.

‘Año 303: inventan el cristianismo’ (Alfa Andrómeda). Más información sobre Fernando Conde en Sofia Originals.

domingo, 9 de abril de 2017

“Hay una colisión inevitable entre ciencia y religión”

Alan Sokal, cientifico estadounidense, en la Residencia de Estudiantes de Madrid.
Alan Sokal, cientifico estadounidense, en la Residencia de Estudiantes de Madrid.
Alan Sokal (Boston, EE UU, 1955) se hizo famoso a finales de los 90 por sus ataques a los académicos posmodernos. Pretendía poner en evidencia a los intelectuales que negaban la existencia del conocimiento científico como algo verdadero, exterior a los propios investigadores y que era en realidad una construcción social. En 1996, este profesor de física de la Universidad de Nueva York y de matemáticas en el University College de Londres envió un artículo que él mismo describía como un rotundo sinsentido a la revista postmoderna de estudios culturales Social Text. Pretendía comprobar que una publicación de este tipo imprimiría cualquier planteamiento absurdo siempre que sonase bien y apoyase los prejuicios ideológicos contra las ciencias exactas de los editores. Aquel texto, en el que decía cosas como que “es cada vez más obvio que la realidad física es fundamentalmente una construcción social y lingüística”, pasó todos los filtros y se publicó, dejando en evidencia a los responsables de la revista y a decenas de intelectuales.
En una reciente visita a Madrid, invitado por la Real Sociedad Española de Física y la Fundación Ramón Areces, el investigador estadounidense demostró que sigue teniendo en el punto de mira a las élites que no respetan los hechos. Ahora, sin embargo, ha cambiado de prioridades y deja descansar a los catedráticos de humanidades que apenas tienen influencia fuera de las universidades. Quiere impulsar una forma de ver el mundo que dé importancia a las pruebas, una cosmovisión en la que la ciencia, con su capacidad para recopilar información y sacar conclusiones objetivas que todos podemos compartir más allá de las creencias, es la herramienta fundamental.
 
 
“La ciencia no es solo un saco de trucos útiles para comprender la física o la biología sino un método más general y una actitud racionalista basada en el modesto principio de que las afirmaciones empíricas deben ser sostenidas por pruebas empíricas”, resume.
Toda la autoridad de las religiones en materia ética depende de la veracidad de sus doctrinas sobre los hechos
Pregunta. ¿Cuáles son los principales enemigos de una forma de ver el mundo en que los hechos sean importantes?
Respuesta. Comenzando por los más ligeros empezaríamos por los académicos posmodernistas, los que sostienen que el conocimiento es una construcción social. En segundo lugar, los promotores de la pseudociencia, que es un grupo amplio. Aquí están las terapias alternativas o complementarias en medicina. La homeopatía es un ejemplo que contradice todo lo que sabemos de física o química. En tercer lugar hay peores pseudociencias, como la negación de la evolución biológica, que se encuentra en la intersección entre política y religión.
Hay una oposición fundamental e inevitable entre la ciencia y la religión. No tanto por su discrepancia sobre teorías concretas como el heliocentrismo hace cuatro siglos o la evolución biológica. Más bien hay una contradicción fundamental sobre los métodos que los seres humanos deberían seguir para tener un conocimiento fiable del mundo.
P. ¿No son compatibles ciencia y religión?
R. Para mí, la idea de Steven Jay Gould según la cual la ciencia y la religión son dos magisterios que no se sobreponen, que la ciencia se limita a hablar de hechos y la religión a hablar de ética, no es sostenible. En primer lugar, porque los creyentes no pueden asumir la sugerencia de Jay Gould de no hablar de hechos. Un cristiano no puede no decir que existe Dios y que Jesús fue su hijo. Y en segundo lugar, si la religión se abstuviera de hablar de hechos, ¿qué autoridad tendría para hablar de ética? La única razón para prestar atención a lo que dice una religión en materia de ética es si sus doctrinas sobre los hechos son verdaderas. Si Dios realmente existe, debemos adaptar nuestra ética a lo que quiere Dios. Toda la autoridad de las religiones en materia ética depende de la veracidad de sus doctrinas fácticas. Por eso hay una colisión inevitable entre ciencia y religión sobre cuestiones de hechos. La religión no se puede abstener de hacer afirmaciones sobre la historia del universo o la historia humana.
El peor adversario de la  ciencia son los agentes de relaciones públicas y los políticos y empresas que los emplean
Hay un conflicto fundamental sobre los métodos que deben utilizar los seres humanos para llegar a un conocimiento fiable. Las ciencias utilizan las observaciones y los experimentos y la reflexión racional sobre datos empíricos. Las religiones aceptan la validez de ese procedimiento, pero sostienen que existen otros métodos también fiables, como la intuición, la revelación o la interpretación de los textos sagrados. Debemos preguntarnos si esos métodos son fiables. En los últimos cuatro siglos, la ciencia ha podido llegar a unos conocimientos extraordinarios confirmados por millones de observaciones y experimentos. La pregunta es si los métodos propuestos por las religiones tienen también tantas pruebas de fiabilidad y la respuesta es negativa. En este asunto de los métodos, la religión fracasa completamente.
P. Pero usted considera que hay un enemigo aún peor que la religión.
R. En mi opinión, el peor adversario de la cosmovisión científica son los propagandistas, los agentes de relaciones públicas, y los políticos y las empresas que los emplean. Todas las personas que no se preocupan por saber si una afirmación se sostiene en pruebas y que sencillamente tratan de convencer al público de una conclusión predeterminada con cualquier método que funcione por deshonesto o fraudulento que sea. Un ejemplo es el caso de la guerra en Irak con Bush, Blair y Aznar.
P. Usted considera que “el lado crítico y escéptico de la ciencia ha servido, durante los últimos cuatro siglos, como ácido intelectual, disolviendo las creencias irracionales como la monarquía o el sacerdocio que sostenían el orden político”. Sin embargo, pese a los grandes logros de la ciencia, la religión, sin necesidad de aportar pruebas de que sus afirmaciones son ciertas, continúa con una fuerza tremenda en gran parte del planeta.
R. 400 años después del nacimiento de la ciencia moderna se ve que esta transición histórica desde una concepción dogmática del mundo hacia una cosmovisión basada en las pruebas está muy lejos de completarse. Como hemos comentado, hay muchos adversarios de esta cosmovisión en el mundo y son muy peligrosos. Es verdad que en Europa la religión retrocede desde hace algunas décadas, pero en el resto del mundo no.
Las matemáticas deberían estar prohibidas a los menores de 18 años, para fomentar el interés
P. Es posible que saber que los datos están de su lado, hace que a veces los científicos no vean que los seres humanos, probablemente por nuestra historia evolutiva, necesitamos un relato que nos resulte interesante, más aún incluso que el relato esté basado en hechos reales. ¿No deberían los científicos o los activistas en favor de la ciencia tener en cuenta esta parte de la naturaleza humana?
R. Eso es muy importante. Decir que deberíamos seguir el método científico porque es más fiable es una cosa. Otra es saber si es natural o no para los humanos hacerlo y comprender cuáles son los obstáculos para la adopción general de este método. Estoy de acuerdo con que nosotros, los defensores de un punto de vista basado en las pruebas, tenemos que estudiar más a fondo cuáles son los obstáculos para su adopción. Son muy interesantes los estudios históricos y sociológicos que aclaran en qué lugares y en qué tiempos las ideas anticientíficas florecen, ya sea la religión u otras, y en qué lugares y épocas esas ideas antiintelectuales retroceden.
En Europa, las ideas anticientíficas crecieron mucho en Alemania en los años 20 y 30, hasta el punto de causar una guerra y un genocidio en un país que era el centro de la ciencia mundial. ¿Cómo sucedió? Es una cuestión histórica muy importante. Después de la Segunda Guerra Mundial, la religión y otras ideas anticientíficas están retrocediendo en la mayoría de los países europeos, pero eso cambia según los tiempos. Por ejemplo, la religión, que fue reprimida en los países comunistas, florece después del fin de estos regímenes. Se sabe que la mejor manera para fomentar algo es reprimirlo. Siempre he pensado que las matemáticas deberían ser prohibidas a los menores de 18 años para fomentar el interés.
P. Este impulso por buscar sentido a la vida en relatos o movimientos que están fuera de la realidad de los hechos ¿toma distintas formas? Por ejemplo, en Europa, la religión no tiene mucha fuerza, pero hay interés por determinadas pseudociencias o por otras interpretaciones alternativas de la realidad, filosofías orientales, relatos míticos... ¿Hay una adaptación de esa naturaleza humana que busca sentido en historias más allá de los hechos?
R. Probablemente existe, aunque insisto en que no soy especialista en psicología o biología evolutiva. En la mente humana hay distintas orientaciones que cohabitan y existe lo que llamamos en inglés “wish fullfilment”, una confusión de los hechos con nuestros deseos. Tienes razón en que si no surge en la religión puede surgir en otras formas, aunque a mi parecer son menos peligrosas. Los promotores de la homeopatía al menos no infligen guerras y persecuciones.
La enseñanza de la ciencia en las escuelas se parece demasiado a la enseñanza del catecismo
No tengo el sueño irreal de que todos los seres humanos sigan siempre en todos los aspectos de su vida y en todo momento una actitud realista basada en los hechos. Nadie de nosotros lo hace, ni siquiera los científicos profesionales. Pero lo que me gustaría es que hubiese una comprensión más general de la importancia de basar las decisiones en las pruebas fiables y en una reflexión racional sobre las pruebas. Me gustaría que retrocedieran los adversarios más peligrosos de esta visión, que hoy en día son las religiones, pero también ciertas ideologías políticas, como hemos visto en EE UU y veremos si sucede de nuevo en Francia este año.
P. Hay gente fuera del mundo de la ciencia que tiene cierto recelo a que los científicos puedan decir: estos son los hechos y deberíamos gobernarnos conforme a ellos. Puede parecer una imposición desde arriba que hace mella en la democracia.
R. La cosmovisión basada en las pruebas es un método general, que todos podemos utilizar, pero está claro que cuando analizamos algunos hechos, hay personas más expertas que otras. Cuando se trata de formular las políticas sobre medio ambiente, hay ciertos científicos especializados en estudiar el clima de la Tierra. Yo no soy uno de ellos. Entonces, tengo que tener confianza en el consenso de ese grupo de expertos, pero no es una confianza ciega como en un texto sagrado. Es una confianza racional basada en una comprensión general de los métodos que estas personas utilizan, del tipo de formación que han recibido y de la apertura de su comunidad a las críticas.
Pero las decisiones políticas dependen de muchos factores, no solo los científicos, también los económicos, políticos, sociales, decisiones éticas. La tarea de los científicos es decir que si hacemos determinadas cosas, por ejemplo, el clima va a reaccionar de unas maneras. Después, todas las personas tenemos que tomar decisiones democráticas basadas en las mejores pruebas, pero que involucran también decisiones de orden ético, económico... Los científicos tienen un papel, pero es restringido y deben abstenerse de ir más allá. Cuando un científico propone determinadas políticas está hablando como ciudadano, que es su derecho, pero no como científico.
P. Pero para la mayor parte de la gente es imposible entender realmente si un científico le está diciendo la verdad o no, hace falta tener cierta fe en la ciencia también, cierta intuición de que el sistema funciona. ¿Cómo se puede hacer que los ciudadanos tengan una confianza en la ciencia y no en la interpretación religiosa?
R. Eso nos pasa también a los científicos profesionales. En todos los campos de la ciencia en los que no soy experto, el 99,9% de la ciencia, estoy en la misma situación. Tengo que dar cierta confianza, pero no es la fe en el sentido religioso. No es una confianza ciega. Es una confianza provisional y racional basada en primer lugar en una comprensión general de cuáles son los problemas y las pruebas ofrecidas y en segundo lugar basada en un análisis de los factores sociológicos, qué tipo de formación recibe esta gente, cómo se evalúa quién es experto, saber si la comunidad científica está realmente abierta a las críticas internas.
Lo que quisiera para la población general es una mejor comprensión de qué es la ciencia, comprender cómo trabajan los científicos y cuál es la actitud y la filosofía. En segundo lugar, una comprensión general de la ciencia actual y cuáles son las pruebas más importantes que la apoyan, y en tercer lugar, una mejor comprensión de la sociología de la comunidad científica.
Por ejemplo, si vamos a la Ciudad Universitaria [el campus de la Universidad Complutense en Madrid] y preguntamos a 100 alumnos si creen que la materia está hecha de átomos, el 95% dirán que sí. Pero si les preguntamos por qué lo creen, dudo que más del 5% de los estudiantes sepan dar razones racionales para creer en la existencia de átomos más allá de que sus maestros del instituto se lo han dicho. Es una lástima, porque en el instituto se puede explicar por qué creemos en la existencia de los átomos. Se puede explicar cómo a principios del siglo XX se tenían varios métodos para contar el número de átomos que hay en una cierta muestra de agua, a través de un método físico y otro químico, y ambos coincidían. Eso es una prueba fuerte de que los átomos son reales y ahora tenemos una teoría concreta que predice las propiedades de los átomos a partir de la mecánica cuántica.
En una clase de instituto se podría explicar todo esto. Obviamente sin resolver la ecuación de Schrödinger, pero al menos en grandes líneas se puede explicar en varias semanas de trabajo. Así, los graduados del instituto tendrían un motivo racional para creer en la existencia de los átomos. Creo que, desgraciadamente, buena parte de la enseñanza de la ciencia en las escuelas se parece demasiado a la enseñanza del catecismo y de esa manera se traiciona la verdadera actitud científica. Me gustaría que en las escuelas se enseñara menos y se enseñara mejor.
Fuente: www.elpais.es

sábado, 1 de abril de 2017

¿Cómo terminará el capitalismo?

El sociólogo alemán Wolfgang Streeck define la era postcapitalista como un interregno inestable e ingobernable, en el que los individuos, abandonados a su suerte, podrán ser golpeados por el desastre en cualquier momento


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Pinball.

¿Cómo terminará el capitalismo? Esto se pregunta el sociólogo alemán Wolfgang Streeck en su último libro, How will capitalism end?, Y su respuesta no es precisamente halagüeña: “Antes de que el capitalismo se vaya al infierno, permanecerá en el limbo en el futuro próximo, muerto o a punto de morir por una sobredosis de sí mismo pero todavía coleando, pues nadie tendrá el poder para quitar de en medio su cuerpo en descomposición”. Después del capitalismo, explica Streeck, vendrá un interregno caracterizado por la inestabilidad y la ingobernabilidad, en el que los individuos, abandonados a su suerte, podrán ser golpeados por el desastre en cualquier momento.
Streeck era un oscuro profesor universitario hasta que, a raíz de la Gran Recesión de finales de la década de los 2000, sus artículos en la revista New Left Review empezaron a atraer a admiradores por sus agudos análisis del nuevo mundo en que nos adentrábamos. El volumen How will capitalism end? recoge estos artículos, en los que, de forma clarividente y provocativa, el autor pone negro sobre blanco, con datos que describen nuestra realidad y profundas reflexiones que nos ayudan a entenderla, el sentimiento de desasosiego que nos ha atenazado en los últimos y tormentosos años desde que todo se fue al carajo.
Streeck argumenta que el proceso de descomposición del capitalismo ya está en curso. El capitalismo ‘avanzado’ (las sarcásticas comillas son del autor) de los países de la OCDE ha ido tambaleándose de crisis en crisis desde los años setenta del siglo pasado. Cada crisis, elemento consustancial del sistema, se iba metiendo en un cajón, de modo que la solución temporal que se encontraba acababa abriendo otro cajón en forma de otra crisis, y así sucesivamente. La manta con la que los gobernantes han tenido que maniobrar es demasiado corta: si intentaban taparse los pies de la economía, con medidas impopulares exigidas por los técnicos, se destapaban el pecho de la política, pues causaban el descontento del electorado. El desequilibrio entre economía y política es intrínseco.

La desigualdad sistémica ha alcanzado tal nivel que los más ricos pueden considerar que su destino se ha vuelto independiente del destino de las sociedades de las que extraen su riqueza
Desde 2008, afirma Streeck, vivimos en la última etapa de esta secuencia de crisis. El estancamiento económico, la deuda y la desigualdad –“los tres jinetes del apocalipsis del capitalismo contemporáneo”– continúan devastando el paisaje económico y político. Hoy, el endeudamiento conjunto es más alto que nunca y la ‘recuperación’ (otras irónicas comillas del autor) no es más que la sustitución de desempleo por empleo de baja calidad.
En cuanto a la desigualdad sistémica, esta ha alcanzado tal nivel, denuncia Streeck, que los más ricos pueden considerar, con razón, que su destino se ha vuelto independiente del destino de las sociedades de las que extraen su riqueza y que, por tanto, pueden permitirse dejar de preocuparse por sus conciudadanos. Para mantener esta situación, los megarricos utilizan diferentes estratagemas. Por ejemplo, compran legitimidad social mediante actos de filantropía que en parte llenan los huecos en servicios sociales que deja su propia evasión de impuestos.
Al mismo tiempo que la secuencia de crisis iba avanzando, el matrimonio de conveniencia entre el capitalismo y la democracia se iba deshaciendo. La toma de decisiones relativas a la distribución de recursos escapó del ámbito de la acción colectiva hacia una esfera más remota y opaca controlada por ejecutivos de bancos centrales, organizaciones internacionales y reuniones intergubernamentales de ministros.
La viabilidad del modelo keynesiano que rigió en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, explica Streeck, dependía del poder político y económico que los trabajadores eran capaces de ejercitar en las economías nacionales más o menos cerradas de aquella época. Con el fin, en los setenta, de esta época dorada de crecimiento, las clases pudientes dependientes del beneficio empezaron a buscar una alternativa y la encontraron en la globalización. El capital presionó para ir a un nuevo modelo de crecimiento basado en la redistribución de abajo a arriba.
De este modo, continúa Streeck, empezó la marcha hacia el neoliberalismo, como una rebelión del capital contra el keynesianismo. Las menores tasas de crecimiento eran aceptables para los nuevos poderes siempre y cuando fueran compensadas por mayores tasas de beneficio y una distribución de recursos cada vez más desigual. La democracia se convirtió en una amenaza para este nuevo modelo y por tanto tenía que ser desconectada de la economía política. Así nació la “postdemocracia”, que Streeck caracteriza con una frase genial: “ahora los Estados están situados dentro de los mercados, en vez de los mercados dentro de los Estados”.
La industria financiera, al globalizarse, escapó del control democrático, convirtiéndose en un gobierno privado internacional por su cuenta, que mangonea a las comunidades políticas nacionales y a sus gobiernos. Hoy, expone Streeck, la democracia puede ser concebida como una lucha entre dos “electorados” –los ciudadanos de los Estados y los mercados internacionales– en la que el poder del dinero está por encima del poder de los votos.
La democracia, lamenta Streeck, ha perdido su carácter redistributivo e igualitario, por lo que en importantes aspectos es indiferente quién gobierne. Esta pseudodemocracia sirve para aparentar que la sociedad capitalista es producto de la elección popular, cuando en realidad hace tiempo que el control democrático ha desaparecido. Así, la ‘democracia’, vaciada de contenido sustancial, se convierte en una sucesión de debates estériles sobre los estilos de vida y características personales de los políticos y otras cuestiones culturales.
La democracia, lamenta Streeck, ha perdido su carácter redistributivo e igualitario, por lo que en importantes aspectos es indiferente quién gobierne
La globalización, afirma Streeck, ha movido los talleres clandestinos que Marx y Engels encontraron en Manchester a la periferia del capitalismo. Así, hoy los trabajadores explotados del Sur global y los trabajadores de clase media del Norte nunca tienen la oportunidad de experimentar juntos el sentimiento de comunidad y solidaridad que nace de la acción colectiva en común. Los explotados son objeto de caridad, como mucho, mientras que el estilo de vida consumista de Occidente depende de que continúe esta explotación. Al comprar camisetas o móviles baratos, los trabajadores de los países ricos, como consumidores, están poniendo presión sobre ellos mismos como productores, acelerando la deslocalización de la producción al extranjero y de paso socavando sus propios salarios, condiciones de trabajo y empleos.
Mientras tanto, explica Streeck, la flexibilidad creciente del mercado de trabajo ha sometido a los individuos a una presión implacable para organizar sus vidas en función de las impredecibles demandas de unos mercados cada vez más competitivos. El resultado es una polarización en aumento entre unas masas de perdedores empobrecidos; unas clases medias sobreexplotadas y absurdamente ocupadas, que se ven obligadas a aportar cada vez más horas de trabajo y más intensas a pesar de disfrutar de una prosperidad sin precedentes; y una pequeña élite de súper ricos cuya codicia no conoce límites, mientras que sus bonus y dividendos hace ya mucho que dejaron de cumplir cualquier función útil para la sociedad en su conjunto.
Para que este estado de cosas pueda sostenerse, el sistema incentiva cuatro tipos de comportamientos que Streeck denomina coping (enfrentar la adversidad con inacabables paciencia y optimismo), hoping (creer de forma ilusa que a uno le espera un futuro mejor a pesar de las circunstancias en las que uno se encuentra), doping (acudir a ayudas externas como, por ejemplo, drogas) y shopping (ser un obediente miembro de la sociedad consumista).
Las supuestas leyes naturales de la economía no son sino proyecciones de relaciones sociales de poder, que se nos presentan como necesidades técnicas
Una objeción razonable que se le puede poner al análisis de Wolfgang Streeck es que se fija exclusivamente en los países más desarrollados, obviando los tremendos avances que se han producido en las últimas décadas en cuanto a la reducción de la pobreza extrema, la mortalidad infantil o el analfabetismo a nivel global. Si bien es posible argumentar que el mundo nunca ha estado mejor que ahora, el sufrimiento y la desesperación de amplias capas de la población es innegable. El que las tesis de Streeck suenen excesivas o no dependerá de la situación en la que se encuentre el lector, pero exageradas o no, su inteligencia y coherencia son iluminadoras.
El libro se centra en el análisis de problemas más que en la propuesta de soluciones. Sin embargo, Streeck apunta algunas ideas para conseguir mejores condiciones de vida y de trabajo para la inmensa mayoría de la gente. Por un lado, hace falta revitalizar el movimiento sindical. Por otro, hacer más efectivos los impuestos sobre los ingresos y bienes de los vencedores de la liberalización; los Estados no deberían tener que llevar a cabo las funciones que les encomiendan sus ciudadanos en beneficio de la sociedad a base de pedir dinero prestado, que luego ha de ser devuelto con intereses a los prestamistas, que a su vez dejan sus riquezas en herencia a sus hijos.
¿Y qué hacer para restaurar el papel de la democracia como un correctivo eficaz del capitalismo? Streeck es muy escéptico acerca de las posibilidades de gobernanza, cohesión social y solidaridad que puedan conseguirse en una Europa supranacional (no digamos a una escala mundial), por lo que aboga por, en lugar de tratar de extender el alcance de la democracia para abarcar el de los mercados capitalistas, hacer lo posible para reducir el ámbito de estos últimos para igualarlos al de aquella. Es decir, para Streeck, la única manera de volver a someter el capitalismo al control democrático, y por tanto salvarlo de la extinción, es “desglobalizándolo”.
Una última reflexión de Streeck sirve de conclusión y de aviso a navegantes: las supuestas leyes naturales de la economía no son sino proyecciones de relaciones sociales de poder, que se nos presentan como necesidades técnicas. Si olvidamos esto, la economía capitalista se convierte simplemente en “la economía” y la lucha social contra el capitalismo es sustituida por una mera lucha política y jurídica por la democracia.
La democracia que tenemos no es suficiente si no nos permite acabar con las injusticias de esta modalidad de capitalismo que sufrimos.

Autor Alex Roche

lunes, 27 de marzo de 2017

Ocho escenas de la Biblia que demuestran que Dios detesta a las mujeres




Al leer la biblia es natural llegar a la conclusión de que la mujer no gozaba de la consideración de sus autores, rudos cabreros de Oriente Próximo. A lo largo del texto sagrado los roles interpretados por las féminas suelen ser de mater amatísima o pérfida, impura, traidora, cuando no simplemente de prostituta o un mix de lo anterior.
Pero ¿era de verdad el dios de las tres religiones abrahámicas un misógino redomado? Aquí exponemos una serie de flagrantes ejemplos que apuntan en esa dirección. De


1. Eva
Dónde aparece: Génesis 2 y 3


La historia ya empieza mal para Eva, que es creada a última hora, después de que Adán se quejara de su soledad y no le convenciera la solución del Señor, que reunió a los animales y le dijo que escogiera . ¿Pretendía el Altísimo en su sabiduría que Adán practicara el bestialismo? ¿Había olvidado también crear hembras en el resto de especies? ¿Quizá la homosexualidad le recuerda todavía hoy su terrible despiste y por eso se opone a ella según sus representantes en la Tierra? Son cuestiones para los doctores de la Iglesia, pero por prevención digamos que sí a todas.
Tras probar diversos ungulados y no quedar del todo satisfecho el cliente, Dios volvió a su taller divino y creó a Eva a partir de una costilla de Adán (suponemos que Eva le quedó muy delgada, pero en las Sagradas Escrituras esto no se aclara).



Podría pensarse tal vez que Eva era la criatura más querida por Dios al tratarse de su última creación (recordemos que el Eterno creó a las cucarachas y a los parásitos internos antes que al hombre), pero los hechos lo desmienten. Cuando Dios expulsa del paraíso a Adán y Eva por comer del árbol del conocimiento, es especialmente duro con ella. Abramos aquí un paréntesis para declarar que la actitud del Señor es comprensible. ¿Qué padre no ha llegado alguna vez a casa y expulsado a sus hijos por encontrarlos leyendo una enciclopedia? Nadie quiere un empollón en casa, que luego los otros niños le hacen bullying.
Dios castiga a Eva (y a todas las mujeres venideras) con con partos dolorosos y sumisión al hombre. No es que Adán mostrara mucha obediencia en todo el asunto de la manzana para ser recompensado con una sirvienta, pero está claro que la primogenitura le tira mucho al Divino.

2.La mujer de Lot 
Dónde aparece: Génesis 18 y 19


La humanidad volvía a pecar sin mesura, esta vez en las ciudades de Sodoma y Gomorra. El Señor le había dicho a Noé que el arcoiris siempre sería un símbolo de que nunca más mandaría un diluvio , pero en esta promesa había todavía suficiente espacio legal para seguir cometiendo genocidios didácticos.
Abraham, el tío de Lot, y que ya conocía los cambios de humor del Señor (recordemos el sacrificio interruptus de su hijo Isaac) regatea con el Todopoderoso, en la mejor tradición de Oriente Próximo, la cantidad de personas justas requeridas en Sodoma para perdonar a la ciudad, acordando finalmente que diez bastarán.
¿Hay diez personas justas en Sodoma? Parece lógico pensar que en cualquier escuela de la ciudad se encontrarían diez niños inocentes que merecieran sobrevivir, pero los actos se desarrollan de otra manera.
Dos ángeles llegan a casa de Lot para comunicarle la decisión del Omnipotente, pero los lugareños, ahítos de fornicar con conocidos, se agolpan en la puerta y le exigen a Lot que comparta con ellos esos invitados tan apuestos.



Horrorizado ante la posibilidad de quedar ante la historia como un mal anfitrión, Lot pide a sus conciudadanos que respeten a sus huéspedes y que en su lugar abusen de sus hijas, que además son vírgenes (una persona de poca fe se preguntaría cómo es posible tal prodigio en una ciudad llena de violadores.
Los sodomitas se ofenden ante esta contraoferta y cometen un pecado terrible: se niegan a seguir regateando. Y además intentan entrar por la fuerza. Esto provoca la ira de los ángeles, que dispersan a los infractores y le dicen a Lot que abandone la ciudad, pues va a ser destruida.
Lot huye con su mujer y sus hijas y el Señor en su misericordia infinita arrasa Sodoma y Gomorra (de esta última apenas se ha hablado antes, pero imaginamos que esos días el Altísimo ofrecía un dos por uno en todos sus productos).



Abandonar tu hogar siempre es duro y seguramente por eso la mujer de Lot se gira para echar un último vistazo a Sodoma, ciudad de vacaciones. De inmediato, es transformada en estatua de sal. Es cierto que uno de los ángeles les había dicho que no mirasen atrás, pero esto es algo que se suele decir cuando hay que huir, quién iba a pensar que se trataba de una advertencia. Si algo nos deja claro la biblia es que el Todopoderoso castiga con dureza el ansia de saber.


3. Las hijas de Lot
Dónde aparece: Génesis 19


Viudo y huérfanas súbitos, Lot y sus hijas se refugian en una cueva. Aquí el relato bíblico dice que las muchachas, ante la escasez de varones en los alrededores tras el exterminio divino, deciden emborrachar a su padre y «yacer con él» con la idea de quedarse embarazadas (recordemos que esta es la única familia que Dios consideraba digna de salvación), pero parece más plausible que Lot se embriagara y abusara de sus hijas sabiendo que ya se encargarían después los narradores bíblicos de culpar a las víctimas.


4. Las madres de Egipto
Dónde aparece: Éxodo 11


El pueblo judío languidecía en la esclavitud en la tierra de Egipto y Moisés, que había sido elegido por el Altísimo como su portavoz, amenazaba al Faraón con diversas plagas a no ser que liberara a los israelitas. El Faraón, consciente de su papel institucional, no estaba dispuesto a negociar con terroristas, sobre todo cuando acceder a sus demandas afectaba negativamente a la economía. Sin embargo, no encarceló a Moisés, quizá temeroso de lo que pudiera decir Amnistía Internacional.
El Señor fue mandando con puntualidad británica las plagas, pero el gobierno egipcio no cedía. Finalmente, el Todopoderoso envió un ángel exterminador a asesinar en su lecho a todos los primogénitos egipcios, desde el hijo del Faraón hasta el de la esclava que trabajaba en el molino. Aquí el hombre herético y sin amor a Dios en su corazón se preguntará qué culpa tiene una esclava de las decisiones políticas del Faraón (sobre todo cuando no hay elecciones) o cómo puede ser uno un ángel cuando tu trabajo es degollar niños mientras duermen, pero el Omnipotente adopta aquí la lógica terrorista que dice que el que no cede a la extorsión es responsable de las consecuencias y ay de nosotros, simples humanos, si ponemos en duda esto.




La iglesia suele comparar el aborto con los infanticidios cometidos por orden de Herodes y nunca con este exterminio de los primogénitos egipcios, lo que nos enseña que hay matanzas de inocentes kosher y otras que no.
¿Era necesario asesinar niños cuando el Altísimo, en su omnipotencia, podía haberse llevado a los judíos a la Tierra Prometida en un abrir y cerrar de ojos? Una pregunta equivocada, pues todo esto iba de lanzar un mensaje: Don’t mess with Yahweh.


5. La concubina del levita
Dónde aparece: Jueces 19


La biblia está repleta de aleccionadoras historias de corte moral que nos enseñan a comportarnos con rectitud. Entre ellas se encuentra la historia de una mujer que abandona a un hombre para volver a casa de su padre. Cuatro meses después, el hombre, perteneciente a la tribu de Leví, decidió que la echaba de menos y fue en su busca.
Se reencontraron con gran alegría y emprendieron el regreso. Pararon a pernoctar en una ciudad, donde un anciano les ofreció alojamiento, pero se reunió ante la casa una multitud de hombres que exigían acostarse con el forastero, quizá una tradición en la zona. El anciano, que conocía el precedente sentado por Lot, pidió a sus vecinos que respetaran al hombre y violaran en su lugar a su hija, que además era virgen, y a la concubina del huésped.
Los hombres se ofendieron ante esto, lo que era un problema puesto que no había ángeles en esta ocasión que pudieran disolver este escrache, pero en un giro de los acontecimientos totalmente inesperado el hombre arroja a su concubina al exterior. Los violadores se la llevan y abusan de ella hasta que sale el sol.
Hecha un guiñapo, la mujer consigue volver a rastras ante la puerta. El levita sale y le ordena que se levante, que tienen mucho camino que recorrer. Como es de esperar, ella no puede responder nada. El hombre la carga en un asno y regresa con ella a casa, donde procede a desmembrarla con un cuchillo en doce partes que envía como aterradores obsequios por todo el territorio de Israel. Ni Dios ni la policía intervinieron.


6. La mujer cananea
Dónde aparece:Mateo 15 21:28


Caminaba Jesús cerca de Tiro con sus discípulos cuando una mujer cananea le rogó que curara a su hija, que estaba endemoniada. Jesucristo la ignoró como si se tratara de una gitana que le ofrecía romero. Los discípulos, en otro acto de caridad cristiana, le pidieron que le dijera algo, que la mujer les molestaba con sus gritos. El Mesías contestó que él había venido a hacer grande a Israel de nuevo y que aquella era una nasty woman.
A pesar de todo, la mujer consiguió acercarse a Jesús y de rodillas volvió a pedirle ayuda. Jesús respondió que no estaba bien quitar el pan a los hijos para dárselo a los perros. Una vez más, la mujer ignoró los insultos del Salvador y humillándose de nuevo le dijo que incluso los perros comen las migajas que caen de las mesas de sus amos. Complacida por fin la vanidad del Señor ante tal sumisión pública, curó a la hija de la mujer a pesar de su condición de extranjeras.


7. María
Dónde aparece: Lucas 1


María era una joven que iba a casarse con José, un prometedor carpintero de Nazaret, cuando el Señor puso sus ojos en ella y le concedió el favor divino de llevar la colombofilia al extremo (quizá recordando el episodio de Adán con los animales).
Esto se suponía que era un honor, por lo que el Señor exigió contrapartidas. Como siempre ha sido un dios celoso y además obsesionado con el sexo, incluyó una cláusula en el contrato que obligaba a María a permanecer virgen de por vida. A cambio de la represión perpetua de su sexualidad, sería la madre del Mesías. A María le pareció tan buen acuerdo que ni siquiera consultó con un abogado a pesar de encontrarse en una tierra en la que sin duda abundaban. ¿Engendrar al Mesías? ¡Por supuesto! Iba a ser la madre de un triunfador al que le esperaba un futuro espléndido gracias a su padre, quizá hasta una plaza de funcionario. ¿Qué podía salir mal?





8. Todas las mujeres (sobre todo si no son vírgenes)
Dónde aparece: Levítico 12 y 21



 Aparte de los diez mandamientos, el Todopoderoso quiso darle valiosas lecciones a Moisés. Una de ellas es que la mujer es siempre impura cuando pare, pero es el doble de impura cuando el bebé que trae al mundo pertenece al sexo femenino. Así, la impureza dura una semana en el caso de parir varones y dos cuando se alumbran niñas.
Del mismo modo, también le ordenó que los sacerdotes se casaran sólo con vírgenes porque las divorciadas o viudas son como las prostitutas a ojos del Señor.
 


Con información de La Biblia
Fuente: publico.es

domingo, 19 de marzo de 2017

La Andalucía que pudo ser y no fue, que se refugió en el tópico

La escritora y periodista Eva Díaz Pérez. Foto: Luis Serrano.
La escritora y periodista Eva Díaz Pérez. Foto: Luis Serrano.

Periodista, novelista y ensayista, Eva Díaz Pérez publica ‘Travesías históricas’ (Fundación José Manuel Lara), un libro en el que recupera la historia de los viajeros andaluces que contaron el mundo del siglo XVI al XX. El libro responde a una doble exigencia: desmentir la idea de que los andaluces “siempre fueron observados y nunca fueron los observadores” y, por tanto, desmentir los tópicos que desde el Romanticismo se vertieron sobre la realidad y la cultura andaluzas, y reivindicar importantes nombres de la historia intelectual de Andalucía. Por las páginas de Díaz Pérez pasan, entre otros, el gaditano José Celestino Mutis, el granadino Mariano Fortuny, el poeta Ángel Ganivet, la periodista Carmen de Burgos, el intelectual José María Blanco White y la bailarina Pepita de Oliva.
En tu ensayo sostienes que, desde el siglo XVI, la imagen de Andalucía ha supuesto una losa por los tópicos que albergaba. Todavía hoy resulta polémica la representación de Andalucía en ciertas series o en medios de comunicación. ¿Sigue siendo una losa esa imagen?
Actualmente sigue siendo una losa muy pesada y esto me indigna especialmente. A mí muchas veces me dicen que no parezco andaluza y, cuando pregunto por qué, me responden siempre lo mismo: “Porque hablas muy bien”. Pero ¿cómo no voy a hablar bien? ¡Soy de la patria de Nebrija! Con esto, lo que quiero decir es que hay tópicos que siguen pesando muchísimo. Fíjate en las series o en los telediarios: si buscan un comentario gracioso, siempre ponen el micrófono a un determinado tipo de andaluz, que los hay, evidentemente, pero hay muchos más andaluces. El solo hecho de poner el micrófono siempre a un mismo tipo de persona y no a otro supone un gesto de discriminación motivado por la voluntad de sacar en pantalla el tópico del “gracioso andaluz”, aunque no todos los andaluces son graciosos ni todos contestan con un chiste, sino con una interesante reflexión que rompe con el tópico que se quiere reproducir.
Sin embargo, se ha asumido e incluso naturalizado el tópico.
Efectivamente. Lo grave no es sólo que la imagen que se ha construido de Andalucía y de los andaluces representa un gran lastre, sino que esta imagen ha sido asumida de forma general: el tópico se repite en la política, en la cultura, en el periodismo… En definitiva, en la vida cotidiana. Y esta imagen que se reitera es el resultado de una construcción de lo que gran parte de los viajeros europeos vieron o quisieron ver en la Andalucía de siglo XIX. Yo he leído muchos textos de escritores románticos que viajaron a Castilla y a Andalucía, pero no tiene nada que ver lo que buscaron en un lugar y en otro. En Andalucía buscaban solamente la pasión, lo exótico, lo oriental, lo sensual… y todo esto ha pesado mucho en el momento de pensar Andalucía.
¿Y Andalucía ha terminado por asumir esta imagen ‘falsa’ de sí misma?
Este es el otro gran problema: Andalucía ha acabado por asumir la imagen que los otros construyeron de ella. En el siglo XIX, los andaluces se dieron cuenta de que en este relato y en esta imagen que se está construyendo de Andalucía hay un negocio por explotar y que se puede sacar beneficio de esta gente que llega a tierras andaluzas, buscando, sin embargo, un tópico: sol, diversión, humor, algo de exotismo… En ese sentido, la construcción de la imagen de Andalucía se produce por ambos lados, por parte de los viajeros europeos y por parte de los propios andaluces, y consecuencia de ello es que hoy encontramos al andaluz que se disfraza de andaluz para responder a esa imagen que de él han creado. Y este andaluz disfrazado de andaluz te lo encontrabas en el siglo XIX y te lo encuentras todavía hoy.
¿Cómo ha sido de determinante el contexto económico de Andalucía en la construcción de su relato?
El contexto económico ha sido un elemento clave y la desigualdad económica de Andalucía respecto a otras zonas de España más industrializadas y más ricas ha sido determinante, aunque no hay que olvidar que en el siglo XVI Sevilla era la capital económica de España: por Sevilla pasaba toda la riqueza, pasaban todos los viajeros europeos que se dirigían a América, Sevilla era una ciudad importantísima. Sin embargo, esta potencia económica se fue perdiendo y este declive conllevó, como es natural, una crisis de identidad. El siglo XVIII, de hecho, pasa bastante de puntillas por Andalucía: hay algún personaje interesante, pero, por lo general, es el gran siglo de la oscuridad.
Ese periodo histórico te sirve, en tu narrativa, para imaginar esa España que no pudo ser, la España afrancesada.
Yo me identifico mucho con los afrancesados. Uno de los viajeros que menciono en el libro es Alejandro Aguado, que luchó contra los franceses, pero cuando éstos llegaron a Sevilla, se quedó prendado del mundo francés. Y era normal. Los franceses lo cambiaron todo hasta el punto de que hacen laico el Palacio del Arzobispado y se convierte en un lugar donde se celebran fiestas, donde hay cultura, y la que había sido hasta entonces la sede de la Inquisición se convierte en la sede de una Logia Masónica. Y en este contexto, Aguado, como muchos otros, termina por afrancesarse. Lo mismo le sucede al abate Marchena. Y en mi libro aparecen todos ellos como representantes de esa España que pudo ser y no fue.
En este libro, como en tus anteriores novelas, pones el acento en la religión católica como elemento clave para entender un cierto atraso cultural de España.
A este país, ya no hablo solo de Andalucía, lo ha marcado muchísimo la religión, y lo ha marcado para mal. Padecemos muchas cosas que son herencia de la religión católica y del poder que tuvo. Yo siempre he pensado que la lógica histórica hubiera conllevado que España optara por el erasmismo. Esto es algo que analiza José Luis Abellán en su ensayo El erasmismo español. Como dice Abellán, en el siglo XVI había en España un ambiente muy propicio para que el erasmismo se consolidara. A mí siempre me ha interesado este tema y lo he trabajado en mis novelas [Memorias de cenizas, por ejemplo], sobre todo porque, una vez más, el definitivo rechazo del erasmismo refleja esa España que pudo ser y no llegó a ser.
Una constante en tu obra es la recuperación de personajes heterodoxos de la historia de Andalucía.
Los heterodoxos son personas que no encajan y que viajan por Europa buscando una libertad que en España no encontraban. Por ejemplo, pienso en Antonio del Corro -una de mis debilidades-, que huye primero de España, pero luego, en Europa, huye también de los reaccionarios luteranos y calvinistas, porque tampoco en Europa consigue encontrar esa libertad que buscaba. Mis heterodoxos son personas curiosas intelectuales y deseosas de una libertad que no encontraban en España, pero que, en algunos casos, tampoco encontraron fuera.
El viaje de estos heterodoxos es, en la mayoría de los casos, un exilio.
El exilio es una constante de la historia de España. Los exiliados han caracterizado la historia española en distintas épocas y, de hecho, muchos de los viajeros que reúno en el libro son, en verdad, exiliados, personas para las cuales el viaje fue a su pesar. Por esto, en sus textos hay un tono nostálgico.
No en tu último trabajo, pero a lo largo de tu obra narrativa, siempre has jugado a entremezclar la ficción narrativa con la verdad histórica.
Esta mezcla es siempre un terreno resbaladizo, pero lo híbrido me fascina.Quizá por mi formación periodística me interesa mucho la realidad, y mis novelas, aunque haya una construcción ficcional, parten todas de la realidad. A mí me gusta basarme en la realidad y, a partir de ella, imaginar. Tengo que confesar que, en ocasiones, llego a un punto en que ya no sé lo que es verdad y lo que es mentira. Esta mezcla entre lo imaginado y lo verdadero te lleva a pisar terrenos muy resbaladizos. Sin embargo, a mí me gustan estos terrenos en los que se mezclan estos dos mundos.
¿Gran parte de tu trabajo -ensayístico, novelesco y periodístico- se entiende como reivindicación de la divulgación?
Efectivamente, mientras que en Inglaterra la divulgación tiene prestigio, aquí no. Hablaba de esto hace poco precisamente con Hugh Thomas y comentábamos que lo que hace falta en España es precisamente más divulgación. Lo triste es que hay muchos historiadores, algunos de ellos amigos y lectores míos, que tienen rechazo o miran con sospecha una construcción narrativa de la historia: no hablo de ficcionalizar la historia, sino de contarla narrativamente. Yo, en la medida de mis posibilidades, lo he intentado hacer. Y ojalá el modelo anglosajón llegue a España, donde, también es cierto, empieza a haber historiadores e hispanistas que han tomado nota del modelo inglés y empiezan a hacer divulgación.
¿’Travesías históricas’ forma parte de un intento de construir una historia intelectual de Andalucía?
Sí, seguramente, puesto que evidentemente hay en mi obra esta voluntad de elaborar una historia intelectual, pero también es cierto que de esta voluntad fui consciente solo con el tiempo, cuando ya había escrito varios libros. Llega un punto en que te das cuenta de que en ti hay un interés particular en la historia de la construcción de nuestra cultura y en la recuperación de episodios poco conocidos. Me gustan los proyectos de largo aliento, me gusta que el trabajo tenga solidez.
¿Y reivindicas, además, el periodismo cultural lento, con solidez?
Yo creo que nuestra salvación como periodistas culturales está en un periodismo lento y sólido. Hay que tener claro que los lectores de periodismo cultural no son mayoría, pero sí son muchos y son lectores fieles, lectores que responden al periodismo bien construido, bien escrito, riguroso, contextualizado…
Sin embargo, en los medios, a veces se piensa que la cultura es algo superfluo.
Por supuesto. Desde que empecé haciendo prácticas, sabía que quería dedicarme al periodismo cultural y lo primero que me dijeron fue que mi opción era un suicidio profesional porque, en los periódicos, a la hora de prescindir, lo primero es la cultura. Y efectivamente, así ha sido. En el mejor de los casos, los periodistas culturales estamos como coartada y cada día me enfrento a luchas continuas para sacar temas y conseguir espacio para contar los temas que considero interesantes. La cultura es el flanco débil del periodismo y, sin embargo, es tan hermoso el periodismo cultural… Yo le debo tanto, muchísimo; le debo este libro y le debo mis libros, porque para mí literatura y periodismo son dos vasos comunicantes.
Ahora, hay editoriales que estás reivindicando el periodismo como una forma de literatura.
Sí, efectivamente, hay un intento de rescate de algunos nombres como Camba, Gaziel, González Ruano…Por ejemplo, otro gran periodista es Domínguez Rodillo, que escribió unas excepcionales crónicas de la Gran Guerra. Todos ellos contaron muy bien su época y su periodismo nos sirve ahora para entender la historia. Todos ellos, desde el periodismo, estaban haciendo gran literatura.
Fuente: El Asombrario

domingo, 26 de febrero de 2017

La Desbandá: genocidio franquista


Placa conmemorativa situada en la zona Este de Málaga para recordar al médico canadiense Norman Bethune por su ayuda a las familias malagueñas que huían del genocio franquista conocida como La Desbandá" 
A pesar de la atroz carnicería humana por tierra, mar y aire, ningún responsable fue jungado y/o condenado. España es así.

sábado, 11 de febrero de 2017

Heroínas olvidadas: científicas de la II República




Fotografía de Jenara Vicenta Arnal Yarza.

No te aísles, no te encierres en ti misma, sal, pasea, intenta hablar con tus compañeras, que Ulises fue sabio porque viajó.

Este era el consejo que Manuel Bartolomé Cossío le daba a su pupila Dorotea Barnés cuando ella realizaba una estancia en el Smith College, en Estados Unidos, para ampliar su formación científica. Corría el año 1930 y Dorotea disfrutaba de una pensión de la Junta de Ampliación de Estudios (JAE), institución creada en 1907 a raíz de la concesión del Premio Nobel de Medicina a Santiago Ramón y Cajal, que fue su presidente. No obstante, el secretario y alma mater de la JAE fue José Castillejo, discípulo de Giner de los Ríos, el fundador de la Institución Libre de Enseñanza en 1875.
Por deseo expreso de Castillejo, hubo mujeres entre los beneficiarios de los programas de la Junta. Así, en el más importante centro de investigación de España en esa época, “el Rockefeller”, que tomaba el nombre de la Fundación que había financiado su construcción, hubo 36 mujeres de un total de 158 investigadores, que constituían un brillante germen de la presencia femenina en la ciencia española. Desafortunadamente sus carreras quedaron truncadas con la guerra civil. Sus historias comenzaran a ser conocidas gracias al trabajo que inició Carmen Magallón Portolés con su obra Pioneras españolas de las ciencias, publicada en 1999.


La familia Barnés Salinas.

¿Qué fue de estas heroínas olvidadas? Dorotea Barnés, hija del ministro de Instrucción Pública que había reformado la enseñanza primaria y secundaria haciéndola completamente laica, fue purgada tras volver a España a comienzos de los años cuarenta y no pudo volver a trabajar. La vida de sus hermanas Adela y Petra, brillantes científicas como ella, fue muy distinta, dado que estando casadas con investigadores afines al gobierno de la República, al finalizar la guerra tuvieron que exiliarse a México, país en el que se reunieron con su padre. Todos ellos, junto con otros muchos intelectuales españoles, encontraron en México refugio y un lugar donde desarrollar su vocación incorporándose a la universidad mexicana, a la cual enriquecieron con sus aportaciones. Estas historias aparecen en Frutos del exilio, obra de la hija de Petra Barnés, Adela Giral Barnés, publicada por la Universidad Autónoma Metropolitana en 2010.
En unas oposiciones a catedrático de universidad celebradas en 1940, el tribunal prefirió dejar una plaza desierta antes que permitir que fuera ocupada por una mujer
Algunas de estas pioneras llegaron a mostrar una clara sintonía con el régimen franquista, por lo que no tuvieron que exiliarse ni fueron purgadas. Entre ellas se encontraban la sevillana Teresa Salazar y la murciana Piedad de la Cierva. Teresa, discípula del insigne químico Enrique Moles, que llegó a estar condenado a muerte tras su vuelta a España en 1941, se doctoró con premio extraordinario en 1931 y obtuvo una plaza de profesora auxiliar de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Madrid. En 1934 obtuvo una pensión de la JAE para investigar en el Instituto del Radio de París bajo la supervisión de Marie Curie, estancia que finalmente realizó en el Laboratorio de Química Física Aplicada de la Universidad de París debido a la muerte de la profesora Curie.
Piedad se doctoró en 1934 con un trabajo de investigación realizado en la sección de Rayos X del Rockefeller, tras lo cual disfrutó de una pensión de la JAE para trabajar en Copenhague con el profesor George de Hevesy, investigando la acción de los neutrones rápidos en la transmutación del aluminio. Tras la guerra la encontramos en el BOE del 19 de abril de 1939, “Año de la victoria”, como interventora del instituto de Osuna; era la única mujer que aparecía en la lista de los directores, secretarios e interventores de los 34 institutos de enseñanza secundaria españoles.
Aunque Teresa y Piedad pelearon por seguir desarrollando su carrera científica, el régimen franquista no estaba dispuesto a aceptar mujeres en la cúpula de las universidades, por muchos méritos investigadores y sintonía con el régimen que acreditaran. Según cuenta el historiador Luis Enrique Otero Carvajal en su obra La universidad nacional católica, en unas oposiciones a catedrático de universidad celebradas en 1940 a la que concurrieron las dos, el tribunal prefirió dejar una plaza desierta antes que permitir que fuera ocupada por una mujer. De hecho, antes de presentarse a los exámenes, Piedad se enteró a través de su padre y del ministro de Educación de que los resultados se sabían de antemano y existía una especie de acuerdo entre las facultades de no dar la plaza a una mujer. Aún así Piedad se presentó, pero no repitió la experiencia
Jenara Vicenta Arnal Yarza, hija de jornalero, trabajó como maestra desde muy joven.  Se licenció y doctoró en química con sendos premios extraordinarios en la Universidad de Zaragoza 
Uno de los miembros de ese tribunal, Antonio Rius, tenía una cuenta pendiente con el que había sido director de Teresa, Enrique Moles, frente al cual había perdido un concurso de cátedra en 1927. Teresa se presentó a otras tres oposiciones a cátedra; el presidente del tribunal de la primera fue el citado Rius, por lo que Teresa lo recusó (pidió su sustitución por antipatía manifiesta) y, cuando su recusación no prosperó, Teresa se retiró. En el primer ejercicio de la segunda oposición, puntuaron a todos los aspirantes por igual a pesar de que los miembros del tribunal dejaron constancia de que los méritos de Teresa eran inferiores a los de los otros aspirantes (lo que no se ajustaba a la realidad); la echaron en el siguiente ejercicio. En la tercera oposición le exigieron la renuncia, explicándole que la eliminaban no por razones científicas, sino “por causas que no se podían decir”, causas que ella atribuyó al hecho de ser mujer. En 1947 obtuvo una plaza de profesora adjunta, puesto de mucha menor categoría y sueldo que el de catedrática, que ocupó hasta su jubilación en 1959.
Un caso singular es el de Jenara Vicenta Arnal Yarza, la única hija de jornalero entre las pioneras. Nacida en Zaragoza en 1902, tuvo que hacerse cargo de sus dos hermanos pequeños al morir sus padres, por lo que trabajó como maestra desde muy joven. A pesar de ello, se licenció y doctoró en química con sendos premios extraordinarios en la Universidad de Zaragoza. En 1930 fue pensionada de la JAE en la universidad de Basilea y ese mismo año superó los cinco ejercicios de las oposiciones a cátedra del Instituto de Física y Química. En 1932 volvió a ser pensionada de la JAE para trabajar en la Universidad de Dresden y a partir del curso 1932-33 realizó tareas de investigación en la sección de Electroquímica del Rockefeller, aunque sin remuneración.
Aunque fiel defensora de los principios de la Institución Libre de Enseñanza, en 1939 superó el proceso de depuración y en 1940 fue admitida en el Instituto Beatriz Galindo de la capital, del que llegó a ser directora. Realizó viajes de estudios a varios países europeos, pero el más largo fue el que realizó a Japón, país en el que permaneció dos años. Allí tuvo una estrecha relación con el embajador de España, Gonzalo de Ojeda, a cuyos hijos dio clase. Escribió varios libros de divulgación científica, entre los que se encuentran Física y química de la vida diaria (1954), Química en acción (1959) y Lecciones de cosas (1958). Falleció inesperadamente antes de cumplir los sesenta años a causa de una trombosis mientras se encontraba trabajando en su despacho.
Tras su muerte, uno de sus alumnos en Japón, embajador él mismo, instituyó un premio con su nombre para distinguir a los mejores alumnos y alumnas del último curso de bachillerato. Este premio es ganado por chicas muy a menudo, lo que seguramente habría sido del agrado de Jenara.
A pesar de la inquina en la persecución del plantel de científicos e intelectuales más brillantes de la historia de España, las autoridades franquistas dejaron un resquicio a la incorporación de las mujeres a la ciencia: se olvidaron de cerrarles las puertas de la universidad. Ello permitió que la semilla que habían sembrado las pioneras españolas fructificara: hoy las mujeres que nos dedicamos a la investigación representamos casi el 40% del total de los investigadores españoles.
Pero los aires de cambio no solo están llegando a los laboratorios, es la sociedad en su conjunto la que está descubriendo a las científicas y está fascinada con ellas. Esto es lo que justifica la enorme repercusión que este año está teniendo la efeméride del 11 de febrero, el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. El año pasado se celebró por primera vez y apenas tuvo eco en los medios. Este año se ha convertido en un evento que cuenta con multitud de actos en España y Europa. ¡El espíritu que animó a las pioneras españolas de las ciencias por fin está triunfando!

Adela Muñoz Páez es catedrática de Química Inorgánica en la Universidad de Sevilla y autora del libro SABIAS. La cara oculta de la ciencia (Debate, 2017).